Consideraciones de un inculto sobre Flamenco

Publicado en por Aldea Global

Resulta algo "peligroso" hablar abiertamente de Flamenco. En este aspecto hay dos tipos de personas: Los entendios y los incultos. Sería redundante indicar a cual pertenezco. Para los entendios, los otros "no saben ná" - y muchas veces no les falta razón-.

Para mí, el flamenco es nada más y nada menos que la transformación por parte del pueblo gitano de la música tradicional andaluza del siglo XVIII, con las posteriores influencias africanas y americanas. Estamos hablando del genero popular español con más repercusión internacional.

Flamenco, palabra que no tiene una referencia etimológica clara, aunque las hipótesis más aceptadas son las que lo explican como la irónica denominación que hacían los andaluces de la época a los gitanos -en oposición con la estética del norte de europa: alto, blanco y rubio- y las que lo derivan de "fellah mengu" -hipótesis esta defendida a ultranza por Blas Infante- que significa "campesinos sin tierra" y en ese caldo de cultivo debió de nacer el flamenco, como manifestación del dolor que ese pueblo sentía por la aniquilación de su cultura.

El Flamenco entendido como la fuerza y el derroche de un cante desgarrador, la delicadeza y el sentimiento de un toque exquisito en las manos de un buen guitarrista y/o la impactante estética y sensualidad del baile. No necesariamente en ese orden.

Yo que tuve la suerte de nacer en el epicentro de este arte, no puedo evitar tener la sensación de no disfrutarlo al máximo, de no acabar de comprenderlo nunca. Será que no tengo el duende. Toda la vida viendo una estatua de un señor que se hacía llamar Diego -cuando algún desalmado no le dejaba sin alguna letra- y además "Del Gastor", con una guitarra algo picassiana que cada cierto tiempo era robada o deteriorada gravemente. Y que ahora empiezo a apreciar. Nunca es tarde si la dicha es buena. Y ésta, lo es.

Imagino esas tascas de mediados del malogrado siglo XX, donde, al amparo de un par de vinos, se juntaban una guitarras, dos o tres cantes y un baile improvisado. Y ya estaba la fiesta hecha. Esas noches interminables en la venta Vargas con el Chano Lobato o más tarde con Camarón. Ese inesperado encuentro en un cortijo cualquiera bajo la luz de una candela... Supongo que era la manera de olvidar la miseria y la servidumbre de este pueblo, tan dependiente de la tierra y del jornal. O la manera de llorarlo.

Como una forma de redimir al "Pasado Yo", me gustaría compartir algo del arte de un tal Diego Amaya Flores, también conocido como "el señor de la estatua en los jardines de mi infancia". ¿Suena? pregunta Diego al principio de este video... ¡Y vaya como suena! No hace falta ser un gran entendido del Flamenco para que se te erice el vello con él. Va por Diego -Del Gastor, claro-




Y si no se te eriza el vello con esto, lo sineto por tí

Etiquetado en personal

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:

Comentar este post

Wikipandy 06/30/2009 02:33

Tú de flamenco no zabe ná!!! Jajajaja!! Mú wapo, hermano. Además, ya m he pikáo y los he leído todos, hasta los comentarios der Parra y er Pakoly. Bueno, ya m había leído todos, xo digo los nuevos, jeje!!
Está wapo leer cosas tan sinceras, aunq a veces rayen la tozudez ( como tus pezones), está bien leer verdades personales. Gracias.