Martes 17 noviembre 2009
2
17
/11
/2009
00:54
Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, algo me dice que volverá a ocurrir. La foto de las dos
chicas sigue intacta. ¿Quiénes son?, me repetía a mi misma cuando llamaron a la puerta. Tenía visita, ¿quien será?. Me enjuagué las manos manchadas de harina y me acerqué presurosa, con pasos
cortos pero seguros, a abrir la puerta aún con el delantal puesto. De repente, una luz cálida endulzó la estancia y me abrazó con fuerza: “Abuela, me he manchado el vestido”, dijo
acompañando de un sonoro beso. Y pensé: aún queda Esperanza.