Sobre fútbol e idiosincracia sevillana
Uno de los equipos de la ciudad de Sevilla, el Betis, ha tenido la desgracia de perder la categoría en esta temporada, para tremenda satisfación de su eterno rival y vecino.
La cuestión es que tal hecho ha desencadenado una profunda desesperación en sus aficionados y han decidido programar una manifestación para el próximo 15 de junio para intentar desbancar a cierto personaje cirsence con ansias de protagonismo que pesee el club desde que la mayoría de nosotros tiene consciencia.
Una manifestación futbolísitica.
Resulta que atravesamos una de las peores cuyunturas económicas que se recuerdan. Paro, escaso acceso a la vivienda, difucutad para obetener créditos, corrupción imparable, deflación, deterioro del medio ambiente,...Y, sorprendentemente, la sociedad parece inerte, sin conciencia social, sin fuerza para luchar por su dignidad. Pero resulta que desciende un equipo de fútbol y: vamos, manifestémonos, esto no puede seguir así... Todo esto con el consiguiente deterioro del mobiliario urbano, fruto de la estrechez de mente de algunos de los aficionados. Deterioro que será sufragado a costa del bolsillo de todos los sevillanos."Yo voy" dice la pancarta.
E irán. Sin embrgo, muchos de ellos ni siquiera tendrán un empleo, o una casa en condiciones, o no llegará a final de mes ni uno solo de los meses... pero van a sair a la calle por su Betis
En esta ciudad, el fútbol siempre fue mucho más que eso, un sentimiento, pura pasión que define a su gente, un imperativo social el decantarse por un bando u otro, primera manifestación del humor (para bien o mal) más hiriente. Algunos piensan que en esta tierra las penas lo son menos, que no importa lo mal que estés, porque siempre hay alegría. Parece ser que los únicos problemas vienen cuando la pelotita no entra, lo que impide que la ciudad contemple un solo momento de felicidad general. Es una lástima. Mientras tanto pocos son los sevillanos que todavía tienen voz,, solidaridad y compañerismo, dejando su garganta en la puerta del ayuntamiento o de cualquier otra institución.
Menos pancartas al Puente. No sean profanos. Echen la vista atrás, a un abril cualquiera unos 80 años atrás y canturreen suavemente en su mente:
Qué bonita está Triana
cuando le ponen al puente
banderas Republicanas.
Y que esta ciudad recupere algo de su espíritu y vuelva a apretar el puño para salir adeante. Independientemente de la situación deportiva de los combatientes en sus trincheras rojas y verdes.