Pena máxima
Lamentarán el error del año pasado, pensaba mientras colocaba el balón en el maltrecho punto de penalti. ¡Ocultaron mis cartas y me amenazaron! El destino me proporcionaba ahora una dulce venganza. Busco por un segundo esa sonrisa cómplice y la encuentro donde siempre, cálida y reconfortante. Miro directamente a los ojos de mi adversario, Paco, el comisario del pueblo. Se cree mejor que yo. En ese instante, todo quedó en suspenso, los gritos, la respiración, incluso mis latidos. Todo excepto una suave brisa que ondeaba alegremente mi pelo. Sonrío convencido y lanzo sin escrúpulos… En el fondo, no soy tan mal yerno